Mi atardecer

No se cómo encontrar fuerzas para escribirte, ni siquiera se donde estás, solo tengo la certeza de sentirte.

Cuando hablo con ancianos no veo sus ojos, percibo su mirada, más que sus palabras siento la vibración de su voz y me intriga saber cómo se acumulan tantas historias en un mismo ser humano

Así voy comprendiendo que aun teniendo los mismos ojos nuestras miradas se convierten en el constante pasar de la vida y que es tan cruel llamarle historia ¿cómo una palabra de 8 letras puede capturar tanto amor, tantas alegrías, tanta intensidad y cuánto dolor? He visto el intento de miles de buenas voluntades que me mencionan frases como “esto es la vida” pero mi mirada sigue cambiando.

Vida y muerte son dos distintas maneras de navegar por finales inciertos

Tu mirada y la mía me recuerdan el atardecer, aquel que me llevabas a ver cada vez que el tiempo, los ánimos y la nostalgia nos permitían. Ese brillo intenso algunas veces del color de tus ojos que no dejé de ver hasta el último instante cuando me sacaron de la sala de aquel frío hospital.

Esos que recuerdo histéricos diciéndome: ay mi vida linda sos una terca.

Saber que no solo yo te perdí, ¿cómo explicar lo que perdió Nicaragua? esos planes diarios y a cada hora que se te ocurrían. Tenías una respuesta, un análisis y casi todos los problemas del país en tu cabeza. Yo los escuchaba, con ternura viéndote ser.

Cada atardecer con matices distintos pero siempre impactante y vivaz; siempre penetrante hasta lo más profundo del espíritu te trae conmigo.

Te gustaba tanto ver el atardecer que te me fuiste con uno de ellos. Desde ese entonces por circunstancias de la vida me encuentro con los atardeceres y siento que por ahí estás, algunos los he fotografiado con la esperanza de captar parte de tu esencia. Cierro los ojos y pronuncio tu nombre.

Ese atardecer que se llevó toda la vitalidad de un día vivido, que debe irse y regresar de nuevo el día que quiera con el color que se le antoje, por que así sos vos.

Me tocó tener en mi mirada aquel momento doloroso de tu partida, pero vas a permanecer imponente y vivo entre mi iris y mi alma.

Sos como un atardecer, tan intenso pero que tuvo que irse.

Mientras voy a seguirte fotografiando en las veces que nos encontremos cara a cara en un coqueto atardecer al igual que tu ojos.

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