El Yunque y el Macizo

Hace unos días conocí por primera vez una majestuosa y bella Reserva natural, llamada: El Yunque en Puerto Rico.

Es un bosque lluvioso tropical de aproximadamente 113 km2 y como es de esperar, está repletito de árboles verdes: gigantes, medianos, pequeños y diminutos, sonar de las aves, escuchar el agua fluir por cualquier camino que tenga por el frente, sean rocas, huecos, cuevas, en fin.. Dentro del bosque se han construido 2 torres que permiten tener una vista panorámica de la Isla del Encanto.

 

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Cascada en El Yunque

No pude evitar pensar cómo lo que ahora vemos como un destino turístico fue para nuestros ancestros su habitad, su casa, su vida. Traté de imaginar cómo fue que los Taínos (habitantes autóctonos de PR) pasaron de crear y SER a considerarse ahora historia y pasado. Cómo fue que desaparecieron y sus tierras son ahora nuestros destinos turísticos.

Como aprendizaje de vida debemos considerar cada visita como la oportunidad de conectarnos con la sangre que corre por nuestras venas, ver fluir la potencia de las vidas que nos antecedieron, reconocer que estamos pisando tierras milenarias, invadidas pero resistentes y resilientes. Pedir permiso a la tierra, al bosque y todos sus habitantes, agradecerles por darnos la oportunidad de sentirles y por mantenernos a salvo de nuestra misma destrucción.

En Puerto Rico al igual que en nuestra Nicaragua hay vestigios de que la tierra, la pachamama es imponente y resiliente.

El Yunque me recordó nuestro querido Macizo de Peñas blancas, allá donde inicia la amada y azotada Bosawás. Lleno de cascadas, senderos, cuevas, animales que se esconden con nuestro ruido y otros que se muestran retadores ante nuestra presencia.

En el Macizo de peñas blancas mide 115 km2 y quiere ser vivido y reconocido por su pueblo nicaragüense.

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Macizo de Peñas blancas. (foto tomada de Vianica)

Somos Latinoamérica, somos Caribe. Yo estoy en esta encantadora Isla, con paisajes hermosos y a la vez con luchas y sobrevivencias, voy a disfrutarlo desde sus atractivos como desde sus divergencias.

Pero quien no pueda viajar, no debe esperar a salir del País para reconocer que procedemos de tierras ricas y bendecidas. Pueden ir a conocer sus propias tierras, amarlas y cuidarlas antes de salir a buscar nuevos horizontes.

Hoy me sentí bendecida porque el Yunque y el Macizo me unieron más allá de las fronteras. 

 

 

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